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Redacción · Redacción de Digestión Serena Publicado 23 de septiembre de 2026 Actualizado 23 de septiembre de 2026 25 min de lectura

Reflujo gastroesofágico (ERGE): síntomas, causas y riesgo real

Cabecero de una cama con dos almohadas apiladas y una mesilla de madera junto a la ventana

La enfermedad por reflujo gastroesofágico, ERGE en los informes médicos y en las guías, es la situación en la que el contenido del estómago vuelve al esófago y provoca síntomas molestos o complicaciones que alteran la calidad de vida. Así la define el consenso de Montreal de 2006, que recoge la guía de la Asociación Española de Gastroenterología. En España afecta al 9,8 % de la población con síntomas típicos una o más veces por semana, y en el mundo la cifra estimada es del 13,3 %. El reflujo en sí no mata; lo que se vigila son sus complicaciones, y para eso hay una lista concreta de señales.

¿Qué es exactamente la enfermedad por reflujo gastroesofágico?

Es el reflujo que ha dejado de ser un episodio y se ha convertido en un problema medible. La definición de Montreal, adoptada en 2006 y vigente en la guía española, habla literalmente de «una condición que ocurre cuando el reflujo del contenido gástrico conduce a la aparición de síntomas molestos o complicaciones que llegan a alterar la calidad de vida relacionada con la salud».

En 2013 el American College of Gastroenterology amplió ese marco. Añadió que el material que vuelve desde el estómago puede afectar no solo al esófago, sino también a la cavidad oral y a las vías respiratorias, lo que abrió la puerta a reconocer cuadros que no se parecen nada al ardor clásico.

La clasificación de Montreal separa dos grandes bloques, y saber en cuál encaja lo que uno nota ahorra muchas búsquedas:

Bloque Qué incluye
Síndromes esofágicos sintomáticos pirosis (ardor) y regurgitación ácida, el cuadro típico
Síndromes esofágicos con lesión esofagitis, estenosis, esófago de Barrett, adenocarcinoma
Síndromes extraesofágicos con asociación establecida tos, laringitis, asma, erosión dental por reflujo
Síndromes extraesofágicos con asociación propuesta faringitis, sinusitis, otitis media recidivante, fibrosis pulmonar idiopática

Hay un tercer grupo que conviene no confundir con la enfermedad. Cuando el ardor aparece sin reflujo patológico demostrable, se habla de hipersensibilidad al reflujo o de pirosis funcional, dos entidades que la clasificación actual considera trastornos funcionales del esófago y deja fuera del reflujo no erosivo, aunque el cuadro clínico se solape. Esa distinción no se hace escuchando, se hace con pH-metría o impedancia-pH.

Y es una distinción con consecuencias. Quien tiene pirosis funcional puede llevar meses subiendo la dosis de un fármaco que actúa sobre el ácido sin notar mejoría, simplemente porque el problema no está en el ácido.

¿A cuánta gente afecta en España?

Al 9,8 % de la población, con un intervalo de confianza del 95 % entre 8,6 y 10,9, contando a quien tiene pirosis o regurgitación una vez por semana o más. El dato está en la guía de la AEG y sale de un metaanálisis con desglose por países.

A escala mundial, la prevalencia estimada es del 13,3 % (IC 95 %: 12-14,6), y la geografía pesa mucho: 7,4 % en el sudeste asiático, 17,1 % en Europa y 19,6 % en América central. La incidencia en países occidentales es de 5 casos por cada 1.000 personas y año, es decir, medio caso nuevo por cada cien personas cada año.

La edad inclina la balanza. Por encima de los 50 años la prevalencia es mayor que en los grupos más jóvenes, con una odds ratio de 1,32 (IC 95 %: 1,12-1,54). Hay un matiz que suele contarse al revés. No es la edad avanzada, sino el comienzo temprano de la enfermedad, lo que se asocia con más riesgo de desarrollar esófago de Barrett.

Entre hombres y mujeres las diferencias son pequeñas. La guía señala que el reflujo es ligeramente más frecuente en mujeres a escala mundial, pero que las diferencias son mínimas y no se reproducen en todas las zonas geográficas.

El coste real no se mide solo en molestias.

Un estudio español con los cuestionarios SF-36 y QoLRAD encontró peor calidad de vida en pacientes con reflujo que en la población general, con más deterioro en mujeres, en quienes tenían síntomas graves y en quienes los tenían de noche. El subanálisis europeo del estudio RANGE, hecho en 134 centros de atención primaria de seis países con participación española, midió entre 0,4 y 3,2 horas de absentismo laboral por semana según el país, pérdidas de 55 a 273 euros por semana y paciente, y reducciones de productividad de hasta el 26 %. Ese impacto laboral también aparece en pacientes que ya toman tratamiento y responden solo en parte.

¿Cuáles son las causas del reflujo gastroesofágico?

La causa inmediata es una barrera que no cierra. La guía de la AEG describe la unión gastroesofágica como una estructura formada por el esfínter esofágico inferior y el diafragma crural, sostenida por los ligamentos frenoesofágicos, y enumera lo que falla cuando hay reflujo: hipotonía de ese esfínter, aumento de sus relajaciones transitorias, la posición supradiafragmática del acid pocket y alteraciones de la motilidad del esófago.

El factor estructural que más se repite es la hernia de hiato, y por eso tiene su propio apartado en esta página.

El peso actúa por varias vías simultáneas. Sube la presión dentro del abdomen y con ella el gradiente en la unión gastroesofágica, aumenta la frecuencia de hernia de hiato, incrementa la producción de bilis y de enzimas pancreáticas, y añade el componente proinflamatorio de la grasa corporal. En el otro sentido, adelgazar se asocia con mejoría de los síntomas y con mayor eficacia del tratamiento médico.

El botiquín es una causa que casi nadie tiene en cuenta. La guía dedica una tabla a los fármacos que favorecen el reflujo, por tres mecanismos distintos —bajada de presión del esfínter, daño directo de la mucosa del esófago y retraso del vaciamiento gástrico—, y en la lista hay medicamentos de uso diario como los antiinflamatorios, los bloqueadores de los canales del calcio, las benzodiacepinas, los bifosfonatos, las sales de hierro o los antidepresivos tricíclicos. Haber tomado antiinflamatorios en los tres meses previos multiplica el riesgo por 1,6 (IC 95 %: 1,36-1,98). El detalle de esa tabla, con los tres mecanismos y la lista completa, está en la página sobre la acidez estomacal.

El tabaco cierra la lista de factores modificables con evidencia. Dejarlo se asocia con mejoría de la gravedad de los síntomas, y el efecto se describe sobre todo en personas no obesas.

¿Qué es la hernia de hiato y qué síntomas da?

La hernia de hiato es la separación de las dos piezas que forman la barrera entre el esófago y el estómago, el esfínter esofágico inferior y el diafragma crural, que en condiciones normales se mantienen alineados por los ligamentos frenoesofágicos. Su variedad más común es el tipo I, por deslizamiento, que representa entre el 85 % y el 95 % de los casos según la guía de la AEG.

Sobre los síntomas de la hernia de hiato hay que ser preciso, porque la información que circula promete más de lo que hay. El documento de la AEG no le atribuye un cuadro clínico propio. Describe su papel dentro del mecanismo del reflujo. En la práctica, lo que se nota son los síntomas del reflujo —ardor y regurgitación, con más intensidad al tumbarse—, no un síntoma exclusivo de la hernia.

Su peso en el mecanismo sí está descrito con detalle. La hernia reduce la competencia de la barrera esofagogástrica e influye en casi todos los procesos que permiten el reflujo: la bajada de tono del esfínter, el aumento de sus relajaciones transitorias, la colocación del acid pocket por encima del diafragma y las alteraciones de la motilidad del esófago.

De ahí salen sus tres asociaciones clínicas, y son las que explican por qué el hallazgo importa: enfermedad por reflujo más grave, más reflujo mientras se duerme boca arriba y más lesión de la mucosa del esófago.

La edad y la obesidad son dos de los principales factores que predisponen a tenerla, los mismos que aparecen en la lista de la enfermedad por reflujo. Eso convierte el peso en la palanca que actúa sobre las dos cosas a la vez.

Y una precisión para quien acaba de leer «hernia de hiato» en un informe de endoscopia. En el documento que usamos como fuente, el hallazgo forma parte de la explicación del reflujo, no de una indicación automática de tratamiento. La medida de la hernia no aparece en esa actualización de la guía, y aquí no vamos a inventarla.

¿Cuáles son los síntomas del reflujo, los típicos y los atípicos?

Los típicos son dos: la pirosis, que es el ardor que sube por detrás del esternón, y la regurgitación ácida, que es el contenido del estómago llegando a la boca o a la faringe. Con esos dos síntomas y sin señales de alarma, la guía admite empezar tratamiento sin endoscopia previa.

Los atípicos son los que retrasan el diagnóstico durante años. La clasificación de Montreal reconoce como asociación establecida la tos, la laringitis, el asma y la erosión dental por reflujo, y como asociación propuesta —es decir, plausible pero no demostrada— la faringitis, la sinusitis, la otitis media recidivante y la fibrosis pulmonar idiopática.

La palabra «establecida» hay que leerla con precisión. Significa que la asociación está reconocida, no que todo caso de tos crónica o de asma esté causado por reflujo. Un carraspeo persistente puede tener detrás varias cosas a la vez, y el orden en que se estudian lo decide el médico, no un buscador.

Quien busca «reflujo gástrico síntomas garganta» normalmente nota lo segundo antes que lo primero. Es un motivo frecuente de consulta al otorrino antes que al digestivo.

¿Se puede morir por reflujo gástrico?

No por el reflujo en sí. En los documentos que hemos leído para esta página, incluida la guía española, el reflujo no figura como causa directa de muerte, y ninguno de ellos ofrece una tasa de mortalidad atribuible al reflujo. Lo que sí describen son complicaciones, y esas se siguen de cerca.

La propia clasificación de Montreal las enumera dentro de los síndromes esofágicos con lesión: esofagitis, estenosis del esófago, esófago de Barrett y adenocarcinoma. Son estadios distintos, no un camino automático, y la razón de que exista un protocolo de señales de alarma es precisamente localizarlos a tiempo.

Hay una segunda vía por la que el reflujo puede dar problemas serios, y es la respiratoria. La ampliación de la definición de 2013 reconoce que el material refluido puede alcanzar la cavidad oral y las vías respiratorias, y entre los síndromes extraesofágicos con asociación establecida figuran la tos, la laringitis y el asma.

La respuesta honesta a la pregunta, entonces, tiene dos partes. El reflujo típico, tratado y vigilado, no es una enfermedad mortal; un reflujo con disfagia, con sangrado, con anemia o con pérdida de peso deja de ser «solo reflujo» y se estudia con endoscopia. La diferencia entre los dos escenarios no está en la intensidad del ardor, sino en la presencia de esos signos.

¿Y los episodios de despertarse ahogándose por la noche?

Son el motivo real por el que mucha gente busca información a las tres de la mañana. En los foros médicos españoles la descripción se repite casi con las mismas palabras: sustos por la noche, despertarse de golpe sin poder respirar, la sensación de que el aire no entra, y el miedo a que el episodio siguiente sea peor.

Lo que dicen los documentos que consultamos encaja con esa experiencia, aunque no le pongan nombre dramático. El material que sube puede llegar a las vías respiratorias, la posición tumbada facilita el reflujo cuando hay hernia de hiato, y los síntomas nocturnos son los que más deterioran la calidad de vida en el estudio español recogido por la guía.

Sobre qué hacer con eso, la evidencia es corta pero clara. Elevar el cabecero de la cama es, junto con la pérdida de peso, una de las dos únicas medidas de estilo de vida con demostración objetiva en la revisión sistemática de 16 ensayos aleatorizados que cita la guía. Beneficia sobre todo a quien tiene reflujo nocturno, y el propio documento advierte que conviene comentarlo en consulta porque puede interferir con el sueño.

Aquí hace falta una nota de honestidad.

Las guías que hemos leído no cuantifican con un porcentaje el riesgo de un episodio nocturno de ahogo ni describen el laringoespasmo como entidad con datos propios, así que en esta página no encontrará una cifra sobre eso. Lo que sí está escrito, y es lo que importa a las tres de la mañana. Episodios repetidos de ahogo nocturno merecen consulta médica, y un cuadro con dificultad respiratoria mantenida, mareo intenso o pérdida de conciencia es motivo de llamar al 112, no de esperar a la cita.

¿Cómo se diagnostica la ERGE?

Con síntomas típicos y sin señales de alarma, empezando tratamiento. La guía de la AEG permite iniciar un inhibidor de la bomba de protones de forma empírica, sin endoscopia previa, y reserva la gastroscopia para dos situaciones: quien no responde al tratamiento y quien presenta signos o síntomas de alarma.

Esa elección tiene lógica de sistema. La endoscopia es una prueba con lista de espera, y hacerla a todo el que tiene ardor no cambiaría la conducta en la mayoría de los casos. Lo que sí cambia la conducta es la presencia de disfagia, hemorragia digestiva, anemia, pérdida de peso o vómitos recidivantes.

Cuando el tratamiento no funciona, las pruebas cambian de objetivo. Ahí entran la pH-metría esofágica ambulatoria y la impedancia-pH, que son las que permiten separar la enfermedad por reflujo de la hipersensibilidad al reflujo y de la pirosis funcional.

Si la endoscopia encuentra esofagitis, el informe traerá una letra. La clasificación de Los Ángeles ordena la esofagitis por gravedad, y el grado D es el extremo grave. El boletín INFAC lo cita, junto con el esófago de Barrett y el antecedente de hemorragia digestiva, entre las situaciones en las que el tratamiento prolongado con inhibidores de la bomba de protones sí está indicado de forma continuada.

La ruta pública española empieza antes de todo eso. El médico de familia hace el cribado inicial, pide el test de Helicobacter pylori cuando corresponde, solicita la analítica y decide la derivación a digestivo. Conviene saber que el reflujo y la infección por esa bacteria son problemas distintos, y que el test se pide por otros motivos; lo que implica una infección positiva está en la página de Helicobacter pylori.

¿Se puede curar el reflujo gástrico para siempre?

Con los datos que hay, el objetivo realista es el control, no la curación definitiva. Ninguno de los documentos que usamos emplea la palabra «cura» para el reflujo crónico. Lo que describen es un tratamiento que funciona bien y que hay que revisar de forma periódica.

Las cifras del tratamiento farmacológico son buenas. Según el metaanálisis citado en la guía, los inhibidores de la bomba de protones consiguen remisión de los síntomas y curación de la esofagitis en el 70-75 % de los casos a corto plazo, y mantienen la remisión a largo plazo. En la enfermedad por reflujo no erosiva, la pauta «a demanda» resulta coste-efectiva para el mantenimiento, es decir, tomar el fármaco cuando los síntomas reaparecen en lugar de todos los días indefinidamente.

Hay dos palancas que sí modifican el terreno de juego, y ninguna se compra. La pérdida de peso, que cambia la presión dentro del abdomen y la eficacia del tratamiento, y el abandono del tabaco, que mejora la gravedad de los síntomas. Su efecto no es inmediato ni espectacular en una semana, y por eso venden mal.

La otra cara de la moneda es la revisión del tratamiento.

El boletín INFAC recomienda intentar al menos una vez al año retirar el inhibidor de la bomba de protones o reducir la dosis, con excepciones explícitas: esófago de Barrett, esofagitis grado D y antecedente de hemorragia digestiva. Eso no se hace por cuenta propia ni de golpe; cómo se plantea la retirada y qué riesgos tiene el uso prolongado está desarrollado en la comparación de lo que se toma para el ardor.

¿Cuándo se plantea la cirugía antirreflujo?

En casos seleccionados, y con un filtro previo que la guía de la AEG detalla en una tabla propia. El documento dedica un apartado al tratamiento quirúrgico y endoscópico, e insiste en que la selección del paciente ha de ser muy rigurosa, porque la respuesta a la operación no es satisfactoria en todos los perfiles.

El propio documento es transparente en un punto: no existen criterios estrictos que definan al candidato a quirófano.

Lo que sí concreta son las situaciones en las que conviene valorarlo: un reflujo ácido mal controlado y los casos en los que el tratamiento médico no es posible, por alergia o efectos secundarios a los inhibidores de la bomba de protones, o porque el paciente expresa su deseo de no seguirlo. Sobre ese fondo se leen los criterios de la tabla, que no dicen quién necesita la operación, sino quién suele responder mejor a ella.

Los criterios propuestos se ordenan en dos columnas, favorable y no favorable:

Apunta a respuesta favorable Apunta a respuesta no favorable
ERGE erosiva ERGE no erosiva
correlación sintomática positiva entre síntomas y eventos de reflujo ausencia de correlación sintomática; predominio de síntomas atípicos
signos de organicidad: hernia de hiato, hipotonía del esfínter esofágico inferior, reflujo nocturno, eventos de larga duración en pH-metría o impedanciometría hipersensibilidad esofágica (esófago hipersensible); náuseas; aerofagia (eructo gástrico o supragástrico) y síndrome de rumiación
buena respuesta previa a los inhibidores de la bomba de protones respuesta solo parcial a los inhibidores de la bomba de protones
motilidad esofágica normal motilidad esofágica alterada
ausencia de patología funcional coexistente diagnóstico de dispepsia funcional o de trastorno funcional intestinal

Leída de golpe, esa tabla dice algo que sorprende a mucha gente. Responder bien al fármaco es un argumento a favor de la cirugía, no en contra. La guía lo dice con cautela. La respuesta a los inhibidores de la bomba de protones no solo apoya el diagnóstico, sino que parece anticipar la respuesta sintomática a la cirugía, y quienes responden bien al fármaco parecen responder mejor a la operación que quienes solo mejoran en parte con él.

Antes de operar, el estudio recomendado en el documento incluye cuatro pruebas: gastroscopia, para saber si la enfermedad es erosiva y descartar esófago de Barrett y lesiones malignas; esofagograma con bario, que muestra la anatomía del esófago y de la unión gastroesofágica; manometría esofágica, que descarta trastornos motores capaces de imitar un cuadro de reflujo; y pH-metría o impedanciometría de 24 horas, determinante cuando la enfermedad no es erosiva porque mide la correlación entre síntomas y episodios de reflujo.

Sobre las técnicas, la guía presenta la funduplicatura tipo Nissen, descrita en 1956 y considerada la técnica de referencia, que hoy se realiza por vía laparoscópica, y las funduplicaturas parciales laparoscópicas —la anterior de 180º (Dor) y la posterior de 270º (Toupet)—, más habituales entre los grupos quirúrgicos europeos, mientras la de Nissen predomina en Estados Unidos. También describe la vía endoscópica.

Hay una advertencia del propio documento que conviene llevarse por delante. Antes de la intervención hay que preguntar por los síntomas que se solapan con el reflujo pero no dependen de él —dolor en la boca del estómago, dispepsia, distensión abdominal, náuseas, vómitos, diarrea o rumiación—, porque la cirugía no los mejora. Fijar expectativas realistas es parte del proceso, no un detalle de cortesía.

Esta página no da indicación quirúrgica ni compara centros, precios o técnicas. La decisión se toma en consulta especializada, con esas pruebas hechas y la tabla de criterios delante.

Señales de alarma que cambian el plan

Con estos signos, la conducta no es ajustar la cena ni cambiar de almohada, sino consultar y valorar endoscopia:

  • disfagia u odinofagia, es decir, dificultad o dolor al tragar;
  • hematemesis, vómito con sangre o con aspecto de posos de café;
  • melena, deposiciones negras y alquitranadas;
  • anemia sin causa conocida;
  • pérdida de peso no buscada;
  • vómitos intensos o repetidos;
  • síntomas que empiezan después de los 55 años o que han cambiado de patrón;
  • mala respuesta a un tratamiento correcto de dos a cuatro semanas.

Dos de esos cuadros son de urgencia y no de cita programada. Vomitar sangre o tener deposiciones negras es hemorragia digestiva; un dolor abdominal brusco e intenso con el abdomen duro «en tabla» es otra. En ambos casos toca urgencias hospitalarias, y el 112 si aparecen mareo intenso, palidez o taquicardia. El listado transversal de todo el aparato digestivo alto está en qué síntomas no esperan a una cita.

Qué hace y qué no hace esta página

Reúne en un sitio la definición que usan los digestivos españoles, las cifras de prevalencia con sus intervalos, el mecanismo, los síntomas típicos y atípicos, la respuesta honesta a la pregunta por la gravedad y la lógica del diagnóstico.

Esta página tampoco sustituye una endoscopia cuando hay criterio para hacerla, no indica dosis ni duración de ningún fármaco para su caso, y no promete una curación definitiva que las guías no describen. Tampoco reparte culpas por la alimentación. El reparto de alimentos, con lo que está probado y lo que no, está en la dieta para gastritis y reflujo.

El resto de los temas del tracto digestivo alto, desde la gastritis hasta la microbiota, se recorren desde la página principal.

Por qué no publicamos una cifra de mortalidad por reflujo

«¿Se puede morir por reflujo gástrico?» es una de las preguntas más repetidas de todo este tema en España, y «muerte por reflujo nocturno» va detrás. Con ese nivel de miedo, poner un porcentaje llamativo sería rentable.

No lo hacemos porque no existe en nuestras fuentes. La guía española del reflujo no da una tasa de mortalidad atribuible, y las reglas del oficio que seguimos no permiten citar cifras que no hemos leído en un documento verificable. Un número inventado aquí tendría dos efectos: asustaría a quien tiene un cuadro banal y tranquilizaría a quien tiene una señal de alarma, porque su caso «no llega» a ese porcentaje.

Lo que sí publicamos es la lista de signos ante los que hay que consultar. Es menos espectacular y sirve mucho más.

Fuentes utilizadas 10

  1. Asociación Española de Gastroenterología (AEG), Documento de actualización de la Guía de Práctica Clínica sobre la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico en el adulto, PDF consultado el 23 de septiembre de 2026: definición de Montreal de 2006 y ampliación del American College of Gastroenterology de 2013; síndromes esofágicos y extraesofágicos; hipersensibilidad al reflujo y pirosis funcional como trastornos funcionales; prevalencia mundial del 13,3 % (IC 95 %: 12-14,6) y española del 9,8 % (IC 95 %: 8,6-10,9); desglose geográfico (7,4 % sudeste asiático, 17,1 % Europa, 19,6 % América central); incidencia de 5 casos/1.000 personas/año; mayores de 50 años con OR 1,32; comienzo temprano y riesgo de esófago de Barrett; estudio español SF-36/QoLRAD y subanálisis europeo RANGE; mecanismos de la unión gastroesofágica; hernia de hiato tipo I en el 85-95 %; tabla de fármacos que favorecen el reflujo y OR 1,6 de los AINE; remisión y curación de esofagitis con IBP en el 70-75 %; tratamiento «a demanda» en la enfermedad no erosiva; signos de alarma y análisis de ~30.000 gastroscopias por disfagia; apartado de tratamiento quirúrgico y endoscópico con la tabla 6 de criterios propuestos de respuesta favorable o no favorable a la cirugía antirreflujo, las cuatro pruebas del estudio preoperatorio (gastroscopia, esofagograma con bario, manometría esofágica y pH-metría/impedanciometría de 24 horas), la descripción de la funduplicatura tipo Nissen laparoscópica y de las funduplicaturas parciales, y la advertencia de que los síntomas solapados no relacionados con el reflujo no mejoran tras la cirugía
  2. Osakidetza, boletín INFAC vol. 24 nº 8 (mayo de 2016), Inhibidores de la bomba de protones: recomendaciones de uso, PDF consultado el 23 de septiembre de 2026: recomendación de intentar al menos una vez al año la retirada o la reducción de dosis, con excepción del esófago de Barrett, la esofagitis grado D de la clasificación de Los Ángeles y el antecedente de hemorragia digestiva; omeprazol como IBP de elección por experiencia de uso y coste
  3. AEMPS, registro CIMA, ficha técnica de Omeprazol Cinfa 20 mg (nº registro 63983), consultada el 23 de septiembre de 2026: indicaciones con receta y duraciones de tratamiento, con 4 semanas para la esofagitis por reflujo, 4 semanas para la úlcera gástrica y 2 semanas para la úlcera duodenal
  4. AEMPS, registro CIMA, ficha técnica de Omeprazol Sandoz Care 20 mg (nº registro 76951), consultada el 23 de septiembre de 2026: presentación sin receta para síntomas de reflujo en adultos, 20 mg al día con un máximo de 14 días, alivio completo del ardor en 7 días en la mayoría de los casos y criterios para consultar antes de automedicarse, incluidos los síntomas nuevos o cambiados por encima de los 55 años
  5. AEMPS, registro CIMA, ficha técnica de Gaviscon suspensión oral en sobres (nº registro 74728), consultada el 23 de septiembre de 2026: mecanismo del alginato de sodio, que forma con el ácido gástrico un gel de pH casi neutro que flota sobre el contenido gástrico e impide el reflujo
  6. Manual MSD, versión profesional, Enfermedad ulcerosa péptica, consultado el 23 de septiembre de 2026: hemorragia digestiva como complicación más frecuente, hematemesis con sangre fresca o material en «borra de café», melena, y criterios de urgencia ante dolor abdominal súbito con abdomen rígido
  7. SEMERGEN, Manual de dispepsia funcional y síndrome del intestino irritable (2025), PDF consultado el 23 de septiembre de 2026: el médico de familia como puerta de entrada del SNS ante síntomas digestivos, cribado inicial, petición del test de Helicobacter pylori y criterios de derivación a Aparato Digestivo
  8. Doctoralia España, consultas públicas de pacientes sobre despertares nocturnos con sensación de ahogo atribuidos al reflujo, consultadas el 23 de septiembre de 2026 (se usan como testimonio del lenguaje y del miedo real de los pacientes, no como fuente clínica; no se reproducen nombres de los profesionales que respondieron)
  9. Doctoralia España, consulta pública de un paciente con sobrepeso, ardores diarios y despertares con sensación de ahogo nocturno, consultada el 23 de septiembre de 2026 (misma función: lenguaje del paciente, no evidencia clínica)
  10. Ministerio de Sanidad, Sistema de Información sobre Listas de Espera en el SNS, datos a 31 de diciembre de 2025, PDF consultado el 23 de septiembre de 2026: se usa como referencia de que la consulta con el especialista y las pruebas del SNS tienen lista de espera

Preguntas frecuentes

¿El reflujo gastroesofágico es lo mismo que la acidez?

No exactamente. La acidez, o pirosis, es un síntoma; la enfermedad por reflujo es el cuadro que se diagnostica cuando ese reflujo produce síntomas molestos o complicaciones, según la definición de Montreal recogida por la guía española. En los estudios de prevalencia el criterio práctico es la frecuencia: pirosis o regurgitación una vez por semana o más. Se puede tener acidez ocasional sin tener la enfermedad, y se puede tener la enfermedad con síntomas atípicos, como tos o laringitis, casi sin ardor.

¿Cuánto tarda en curarse una esofagitis por reflujo?

La ficha técnica de un omeprazol con receta fija en 4 semanas la duración habitual del tratamiento de cicatrización de la esofagitis por reflujo, y añade que algunos pacientes necesitan un segundo periodo. Los metaanálisis citados en la guía española sitúan la remisión de síntomas y la curación de la esofagitis en el 70-75 % de los casos a corto plazo. Si la endoscopia mostró un grado grave de esofagitis, el criterio de tratamiento prolongado cambia, y eso lo establece el especialista.

¿Por qué el reflujo empeora al acostarse?

Porque desaparece el efecto de la gravedad y la bolsa de ácido que flota sobre el contenido del estómago queda justo en la zona de paso al esófago. La guía de la AEG asocia la hernia de hiato con más reflujo en posición supina y con más lesión de la mucosa, y señala la elevación del cabecero como medida con demostración objetiva en la pH-metría, especialmente útil en quien tiene síntomas nocturnos. Dormir sobre el lado izquierdo aparece con apoyo en estudios de casos y controles, no en ensayos aleatorizados.

¿El reflujo puede provocar tos o asma?

La clasificación de Montreal reconoce la tos, la laringitis, el asma y la erosión dental como síndromes extraesofágicos con asociación establecida al reflujo, y la ampliación de 2013 añadió que el material refluido puede llegar a las vías respiratorias. Reconocer la asociación no equivale a afirmar que el reflujo cause toda la tos crónica o todo el asma de una persona. Es una de las posibilidades a estudiar, y el orden de las pruebas lo decide quien valora el caso completo.

¿Hace falta endoscopia para diagnosticar el reflujo?

No en el caso típico. Con pirosis o regurgitación y sin señales de alarma, la guía española admite tratamiento empírico con un inhibidor de la bomba de protones sin gastroscopia previa. La endoscopia se reserva a quien no responde y a quien tiene disfagia, hemorragia, anemia, pérdida de peso o vómitos recidivantes. En un análisis retrospectivo de unos 30.000 pacientes con disfagia a los que se hizo gastroscopia, el 70 % tenía lesiones en el esófago, con una tasa de tumores por debajo del 1 %.

¿El estrés causa reflujo?

Las fuentes que consultamos no atribuyen al estrés el papel de causa del reflujo; lo que describen son factores mecánicos —la barrera, la hernia de hiato, el peso—, fármacos y tabaco. El estrés sí aparece en el terreno vecino de los trastornos funcionales, donde encajan la pirosis funcional y la hipersensibilidad al reflujo, cuadros con ardor y pruebas de reflujo normales. Es una diferencia importante, porque el manejo no es el mismo, y la etiqueta popular de «nervios» suele retrasar el estudio que aclara cuál de los dos es.