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Disbiosis intestinal: qué es, qué mide un test y qué se hace

Manos de un hombre de unos sesenta años troceando puerro sobre una tabla de madera, con un cuenco de legumbres al lado

La disbiosis intestinal es un desequilibrio de la microbiota del intestino que se reconoce por cambios en la cantidad o en el tipo de microorganismos y en lo que hacen; cuando ese conjunto convive en equilibrio con el organismo se habla de eubiosis. Eso es lo firme, y es una descripción, no un diagnóstico con criterios cerrados. La parte que casi nadie cuenta la pone una revisión de 2021 en la revista oficial de la Asociación Española de Gastroenterología: «todavía no tenemos respuestas definitivas para describir cómo es la simbiosis óptima entre microorganismos y hospedador, o cuál es la proporción o combinación de microorganismos más adecuada para cada individuo». Esta página se queda en el lado de lo que se puede comprobar.

La microbiota intestinal, en cifras comprobables

0
declaraciones de salud autorizadas en la Unión Europea para bacterias probióticas
1
única frase aprobada sobre bacterias vivas: cultivos del yogur y digestión de la lactosa
10⁸ UFC/g
cantidad mínima de cultivos vivos que exige esa frase aprobada
14.979
adultos analizados en el estudio sueco de antibióticos y microbiota de 2026
4 a 8 años
antigüedad de los tratamientos que seguían asociados a la microbiota actual

¿Qué es la flora intestinal y en qué se diferencia de la microbiota?

Es el mismo conjunto de microorganismos con dos nombres. «Flora intestinal» es la palabra de la calle y de los escaparates; «microbiota intestinal», la de los documentos científicos. Aquí usamos la primera para entendernos y la segunda cuando citamos una fuente.

Lo que cambia de una fuente a otra es hasta dónde llega la afirmación. La revisión de la Asociación Española de Gastroenterología asocia la disbiosis con atopias, síndrome metabólico, enfermedades inflamatorias, cáncer y algunos trastornos de la conducta.

Asociar no es causar. Esa diferencia es la que se pierde en casi toda la publicidad del sector.

En esta página está qué significan eubiosis y disbiosis en la literatura española, qué es un prebiótico y en qué alimentos aparece, cómo se lee el nombre de una cepa, qué frases tiene autorizadas la Unión Europea sobre bacterias vivas y sobre algunas fibras, qué mide un test de microbiota, qué se sabe de antibióticos y microbiota, y qué pasos se siguen en España cuando alguien cree tener una disbiosis.

¿Qué es la disbiosis intestinal y por qué no funciona como diagnóstico?

La disbiosis es una alteración de la microbiota del intestino: de qué microorganismos hay, en qué cantidad y qué funciones cumplen. Es una descripción, no una etiqueta clínica. En las guías españolas que hemos revisado no hay un punto de corte que permita decir «usted tiene disbiosis y su tratamiento es este».

Lo que sí tiene cifras es lo que la altera. Un estudio sueco con 14.979 participantes encuentra la huella de algunos antibióticos hasta 8 años después de tomarlos, y la guía de la Asociación Española de Gastroenterología sobre reflujo recoge un metaanálisis que asocia el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones con 1,7 veces más riesgo de sobrecrecimiento bacteriano. Son factores con nombre, no una etiqueta genérica.

Antes de cualquier punto de corte hay un problema de base. La misma revisión española advierte de que definir una microbiota «normal», en composición y en funciones, no es tarea fácil: influyen muchos factores y la variación entre personas, y en una misma persona, es enorme.

Y está la frontera de lo que se sabe. Según la revisión, la gran mayoría de las secuencias de virus del microbioma no se parece a nada de lo que hay en las bases de datos de referencia. Una parte enorme de lo que llevamos dentro todavía no tiene nombre.

Nada de esto quiere decir que sus síntomas sean imaginarios. Quiere decir que el camino útil es poner nombre al problema digestivo concreto (ardor, dolor, hinchazón, cambios del ritmo) y no bautizarlo todo como disbiosis para comprar algo contra ella.

Lactobacillus, Bifidobacterium y por qué el código de la cepa lo cambia todo

Un nombre completo tiene tres pisos: género, especie y cepa. Lactobacillus es el género, Lactobacillus plantarum la especie y 299v el código de la cepa exacta que alguien estudió. Si falta el tercer piso, no hay manera de encontrar un estudio sobre lo que lleva de verdad el frasco.

La guía mundial de la Organización Mundial de Gastroenterología sobre probióticos (WGO, febrero de 2023, en inglés), cuyo equipo de revisión presidió el gastroenterólogo español Francisco Guarner, exige identificar cada cepa con género, especie y código, y nombra así las cepas indicación por indicación. Algunos ejemplos de sus tablas: Bifidobacterium bifidum MIMBb75, Bifidobacterium infantis 35624, Lactobacillus rhamnosus GG y la levadura Saccharomyces boulardii CNCM I-745.

La dosis también va por cepa. La misma guía pone un ejemplo: una cepa de Bifidobacterium longum, la 35624, alivió los síntomas del colon irritable con 100 millones de unidades al día, mientras otros productos necesitan cientos de miles de millones. No hay una dosis general de «probiótico».

Esa precisión no es un capricho de académicos. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dedicó en 2009 un dictamen entero a las declaraciones de salud sobre «microorganismos no caracterizados», y la falta de caracterización de la cepa es una de las razones por las que se rechazaron. Dentro de una especie, cada cepa puede hacer cosas distintas. Quedarse en el género no permite comparar nada.

Cómo aparece ese código en una caja de farmacia, y qué suele faltar al lado, está en la lectura de etiquetas de probióticos.

¿Qué son los prebióticos y en qué alimentos están?

Un prebiótico es un sustrato que los microorganismos del organismo usan de forma selectiva y que aporta un beneficio para la salud. Es la definición que propuso en 2017 la ISAPP, la asociación científica internacional de probióticos y prebióticos, al revisar el concepto. La original, de Gibson y Roberfroid en 1995, hablaba de un «ingrediente alimentario no digerible que beneficia al hospedador mediante la estimulación selectiva del crecimiento y/o actividad de un limitado número de bacterias en el colon». Las dos piden selectividad, y la de 2017 exige además que el beneficio se demuestre con ensayos clínicos bien hechos.

No toda la fibra es prebiótica. Según la revisión de la Asociación Española de Gastroenterología, solo algunos hidratos de carbono cumplen los criterios, y conviene saberlo antes de pagar por una caja que use la palabra a la ligera.

Compuesto Estatus en la revisión Dónde está
Galacto-oligosacáridos (GOS) Cumple criterios Leche, hortalizas, frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos
Lactulosa Cumple criterios Mismos grupos de alimentos
Inulina Cumple criterios Mismos grupos de alimentos
Fructo-oligosacáridos (FOS) Cumple criterios Mismos grupos de alimentos
Isomalto-oligosacáridos (IMO), xilo-oligosacáridos (XOS), transgalacto-oligosacáridos (TOS), oligosacáridos de la soja (SBOS) Candidatos con posibilidades de cumplirlos Mismos grupos de alimentos

La lista de alimentos es la de la propia revisión, y es amplia a propósito: leche, hortalizas, frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos. No hay un superalimento prebiótico. Hay grupos de alimentos corrientes donde aparecen estos compuestos.

Con la definición de 2017 el terreno se abre todavía más, porque el concepto puede aplicarse también a polifenoles o a ácidos grasos poliinsaturados, siempre que haya selectividad y prueba clínica del beneficio.

¿Prebióticos y probióticos son lo mismo?

No. El prebiótico es el alimento de las bacterias; el probiótico lleva microorganismos vivos. Y la diferencia se ve muy bien en lo legal. Para bacterias vivas, la Unión Europea tiene una sola frase aprobada en toda la categoría, y es muy estrecha: los cultivos vivos del yogur, Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus, mejoran la digestión de la lactosa de ese mismo producto en quien la digiere mal, siempre que haya al menos 10⁸ unidades formadoras de colonias por gramo.

Para algunas fibras, en cambio, el Reglamento (UE) 432/2012 sí recoge frases con los gramos escritos:

Ingrediente Frase autorizada en la UE Condición cuantificada
Glucomanano (fibra de konjac) Ayuda a adelgazar cuando se sigue una dieta baja en calorías 3 g al día en tres tomas de 1 g, cada una con uno o dos vasos de agua y antes de comer
Glucomanano Contribuye a mantener niveles normales de colesterol en sangre 4 g al día
Lactulosa Contribuye a acelerar el tránsito intestinal 10 g al día en una sola toma
Carbón activo Contribuye a reducir una flatulencia excesiva después de comer 1 g al menos 30 minutos antes de comer y otro poco después

El glucomanano lleva además una advertencia obligatoria por riesgo de asfixia en personas con problemas para tragar o que lo tomen con poco líquido. El detalle dice mucho: cuando un ingrediente tiene permiso europeo, tiene también su cifra y su aviso.

En el reglamento de 2012, de los cuatro hidratos de carbono prebióticos reconocidos (GOS, lactulosa, inulina y FOS) solo la lactulosa tenía frase autorizada. El Reglamento (UE) 2015/2314 añadió después otra para la inulina de achicoria nativa: contribuye a un tránsito intestinal normal al aumentar la frecuencia de las deposiciones, con una ingesta de 12 g al día. No alcanza a los FOS ni a los GOS.

¿Qué mide un test de microbiota intestinal y qué no?

Un test de microbiota devuelve la composición de una muestra: qué microorganismos aparecen y en qué proporción. Lo que no está establecido es el paso siguiente. En las guías españolas que hemos revisado no aparece como práctica clínica habitual pasar de «esta es su composición» a «esta es su recomendación concreta», y sin una referencia de microbiota «normal» no hay contra qué comparar.

Por eso conviene leer el informe con dos preguntas: qué decisión cambia con este resultado, y quién la toma. Si la respuesta es «ninguna, pero le recomendamos un producto de nuestra gama», el informe está haciendo de catálogo.

No publicamos precios ni laboratorios que ofrecen estos test en España. No los hemos medido y no vamos a inventarlos.

¿Qué altera la microbiota de verdad, con cifras?

Los antibióticos son, con diferencia, lo mejor documentado. Por otra vía y con menos fuerza, también pesan los tratamientos largos con inhibidores de la bomba de protones. Las cifras vienen de estudios distintos y no conviene mezclarlas.

Factor Qué se midió Cifra publicada
Antibióticos 14.979 adultos suecos con su historial de recetas, Universidad de Uppsala, Nature Medicine, 2026 El uso de hace 4 a 8 años seguía asociado a la microbiota actual; un solo ciclo de ciertos antibióticos ya dejaba huella
Antibióticos por familia Comparación entre grupos en el mismo estudio Asociaciones más fuertes con clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina
Inhibidores de la bomba de protones Metaanálisis recogidos en la guía de la AEG sobre reflujo Sobrecrecimiento bacteriano RR 1,7 (IC 1,2-2,4); Clostridium difficile RR 1,7 (IC 1,5-2,8); infecciones entéricas por Salmonella o Campylobacter RR 3,3 (IC 1,8-6)

La tabla va con tres avisos. La relación con enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 aparece en la noticia del estudio sueco como asociación epidemiológica que no se entiende del todo, no como hallazgo demostrado. La propia guía de la AEG concluye que los IBP prolongados parecen aumentar ligeramente el riesgo de infecciones entéricas y que para otros efectos no se ha demostrado una relación causal. Y un riesgo relativo no es motivo para dejar por su cuenta un fármaco recetado: lo que toca es preguntar en consulta si sigue haciendo falta y hasta cuándo, algo que se explica en qué se toma para la acidez y el ardor.

El primer autor del estudio sueco lo dijo a la agencia SINC con claridad: estos resultados no cambian la regla básica de que el antibiótico se elige según la bacteria que causa la infección. Qué se sabe de los probióticos justo después de un ciclo está en probióticos después de los antibióticos.

«Alimentos prohibidos» para la disbiosis: por qué aquí no hay lista

Porque no existe en las fuentes que manejamos, y porque en el terreno vecino donde sí se ha medido, las listas genéricas salieron mal paradas. Una revisión sistemática de 16 ensayos aleatorizados, elegidos entre 2.039 trabajos, evaluó las medidas de estilo de vida en el reflujo. Solo la pérdida de peso y elevar el cabecero de la cama mejoraron de forma demostrada los síntomas o la pH-metría.

La guía de la Asociación Española de Gastroenterología critica directamente la costumbre: los cambios de estilo de vida se entregan como «listas genéricas» de alimentos que evitar, en lugar de consejos ajustados a cada persona.

De ahí nuestra posición. Dos medidas ajustadas a su caso pesan más que treinta prohibiciones copiadas. Cómo se separan las tres dietas que se confunden (gastritis, reflujo y Helicobacter pylori) está en la página de dieta para la gastritis y el reflujo.

¿Qué se hace con una disbiosis intestinal? El «tratamiento» que existe y el que no

No hay un tratamiento de la disbiosis como tal. Modular la microbiota para mejorar la salud es hoy, en palabras de la revisión española, objeto de investigación intensiva: se ensayan cambios de dieta, prebióticos, probióticos, simbióticos y el trasplante de microbiota fecal, y la revisión plantea generar y mantener la diversidad de la microbiota como un nuevo objetivo clínico. Investigación activa no es todavía protocolo de consulta.

Lo que sí se hace en España cuando alguien llega diciendo «creo que tengo disbiosis» tiene cuatro pasos, y ninguno es comprar un frasco:

  1. Poner nombre a la molestia concreta: ardor, dolor de estómago, hinchazón, cambios del ritmo intestinal. Cada cuadro tiene su valoración, y el médico de familia hace esa primera criba.
  2. Buscar Helicobacter pylori cuando procede. En menores de 55 años con molestias de estómago sin estudiar y sin signos de alarma, SEMERGEN recomienda hacer primero una prueba no invasiva y, si da positivo, tratar sin pasar antes por la endoscopia.
  3. Revisar la medicación que ya se toma. Un tratamiento largo con inhibidores de la bomba de protones se asocia a sobrecrecimiento bacteriano y a más infecciones entéricas, y la pregunta en consulta es si sigue haciendo falta.
  4. Descartar señales de alarma, que son el motivo para no esperar y pedir pruebas.

Sobre la comida, la revisión española es concreta y prudente a la vez. La dieta mueve de verdad la microbiota, y un cambio brusco en la cantidad de fibra la cambia en poco tiempo; pero el efecto es modesto comparado con lo distintos que somos unos de otros, y no es igual en todos. Cada uno cambia, pero de un modo distinto. Lo que tiene dirección clara es el contraste entre una dieta rica en fibra, fruta y verdura y otra alta en proteína y grasa animal y sin fibra.

No busque aquí un diagnóstico, una dosis, una marca ni un menú por semanas. Nada de eso se decide sin saber qué le pasa a usted, y eso se ve en consulta.

Microbiota y Helicobacter pylori: dos datos que no hay que mezclar

Primer dato. Más o menos uno de cada dos españoles (50 %) tiene Helicobacter pylori, según SEMERGEN, y una vez detectado se trata aunque no dé molestias, por su papel en la gastritis crónica, la úlcera y el cáncer de estómago.

Segundo dato, que sorprende a mucha gente. El V Consenso Español sobre el tratamiento de esta infección, de 2021, dice en su recomendación 6 que no se recomienda asociar probióticos al tratamiento erradicador. SEMERGEN (2024), apoyándose en el consenso europeo Maastricht VI y en la guía de la WGO de 2023, admite que ciertas cepas reducen los efectos secundarios digestivos del antibiótico. Son dos posturas serias, y se exponen sin elegir la más cómoda en la guía de las pautas de erradicación.

Lo que ninguna de las dos dice es que un preparado de bacterias elimine la infección. Qué es esta bacteria y cómo se detecta está en la página sobre el Helicobacter pylori.

¿Qué síntomas no tienen nada que ver con la flora?

Los que piden médico. Una flora «desequilibrada» no explica ninguno de estos signos, y con ellos la prioridad es la consulta, no un frasco, según las guías españolas y el Manual MSD que se citan al final.

A la vista. Heces negras y pegajosas (melena) o con sangre roja, y vómitos intensos o repetidos, sobre todo con sangre o con aspecto de «posos de café».

Al tragar. Una dificultad para tragar (disfagia) que va a más.

Báscula y analítica. Una pérdida de peso sin buscarla, de más del 5 % en seis a doce meses, o una anemia reciente sin causa conocida.

Por contexto. Molestias de estómago que empiezan después de los 55 años, o un familiar con cáncer gástrico.

Sin esperar. El vómito con sangre, las heces negras o un dolor de barriga repentino, intenso y constante que se extiende a toda la barriga son urgencia de minutos: urgencias del hospital, o el 112 si hay mareo intenso, palidez o el pulso se acelera. La lista completa, con qué hacer en cada caso, está en qué síntomas no esperan a una cita.

Sin urgencia, se pide cita con el médico de familia. Hace la primera criba, decide si pedir el test de Helicobacter pylori y una analítica básica, y envía al digestivo si aparecen criterios de alarma, sin pasar por urgencias ni por una consulta privada.

Todos los temas digestivos de esta casa, ordenados por asunto, están en el índice de temas digestivos.

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Fuentes 14

  1. Revisión «Microbiota intestinal y salud», Gastroenterología y Hepatología 2021;44(7):465-538, DOI 10.1016/j.gastrohep.2021.01.009, acceso abierto (revista oficial de la Asociación Española de Gastroenterología): eubiosis y disbiosis; asociación con atopias, síndrome metabólico, enfermedades inflamatorias, cáncer y algunos trastornos de la conducta; sin respuestas definitivas sobre la simbiosis óptima; dificultad para definir una microbiota «normal»; escasa homología de las secuencias virales; definiciones de prebiótico de Gibson y Roberfroid (1995) y de la ISAPP (2017); GOS, lactulosa, inulina y FOS como compuestos que cumplen criterios; modulación de la microbiota como objeto de investigación y la diversidad como objetivo; efectos dietéticos modestos frente a la variabilidad entre personas. Texto íntegro leído el 25-10-2026. https://www.elsevier.es/es-revista-gastroenterologia-hepatologia-14-articulo-microbiota-intestinal-salud-S0210570521000583
  2. Katan MB. «Why the European Food Safety Authority was right to reject health claims for probiotics». Benef Microbes 2012;3(2):85-9, DOI 10.3920/BM2012.0008 (en inglés): la EFSA rechazó las declaraciones para probióticos por falta de pruebas convincentes dentro del marco legal de la UE. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22683835/
  3. EFSA, apartado de declaraciones de salud del Reglamento (CE) 1924/2006 (en inglés), consultado el 22-09-2026. https://www.efsa.europa.eu/en/topics/topic/health-claims
  4. Reglamento (UE) nº 432/2012 de la Comisión, DOUE L 136 de 25-5-2012, versión española en el BOE: cultivos vivos del yogur y digestión de la lactosa con al menos 10⁸ UFC/g; glucomanano para adelgazar con dieta baja en calorías (3 g diarios en tres tomas de 1 g con agua antes de comer) y para el colesterol (4 g diarios), con advertencia de riesgo de asfixia; lactulosa y tránsito intestinal (10 g diarios en una toma); carbón activo y flatulencia (1 g al menos 30 minutos antes y otro poco después de comer); ninguna declaración para bacterias probióticas. PDF leído el 25-10-2026. https://www.boe.es/doue/2012/136/L00001-00040.pdf
  5. EFSA, dictamen científico de 2011 sobre el carbón activo y el exceso de flatulencia después de las comidas, EFSA Journal 2011;9(4):2049 (en inglés). https://efsa.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.2903/j.efsa.2011.2049
  6. World Gastroenterology Organisation, guía global «Probiotics and prebiotics», febrero de 2023 (en inglés; equipo de revisión presidido por Francisco Guarner): identificación de la cepa con género, especie y código; dosis según cepa, con B. longum 35624 eficaz en colon irritable con 100 millones de UFC al día; tablas por indicación con L. rhamnosus GG y S. boulardii CNCM I-745 en la diarrea por antibióticos en adultos, y B. bifidum MIMBb75, L. plantarum 299v, E. coli DSM17252 y B. infantis 35624 en el colon irritable; uso aparentemente seguro en personas no inmunodeprimidas ni muy debilitadas. PDF leído el 25-10-2026. https://www.worldgastroenterology.org/UserFiles/file/guidelines/probiotics-and-prebiotics-english-2023.pdf
  7. Agencia SINC, «La huella de ciertos antibióticos en el microbioma intestinal puede durar hasta ocho años», sobre el estudio de la Universidad de Uppsala en Nature Medicine (2026; primer autor Gabriel Baldanzi; casi 15.000 adultos suecos): asociación del uso de antibióticos de hace cuatro a ocho años con el microbioma actual; huella incluso tras un único ciclo; asociaciones más fuertes con clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina; la elección del antibiótico sigue dependiendo de la bacteria causante. Leída el 25-10-2026. https://www.agenciasinc.es/Noticias/La-huella-de-ciertos-antibioticos-en-el-microbioma-intestinal-puede-durar-hasta-ocho-anos
  8. Asociación Española de Gastroenterología, documento de actualización sobre la enfermedad por reflujo gastroesofágico: 16 ensayos aleatorizados (2.039 trabajos revisados) con beneficio solo de la pérdida de peso y la elevación del cabecero; crítica a las listas genéricas; IBP prolongados con sobrecrecimiento bacteriano RR 1,7 (IC 1,2-2,4), Clostridium difficile RR 1,7 (IC 1,5-2,8) e infecciones entéricas RR 3,3 (IC 1,8-6), con aumento ligero de infecciones entéricas y sin relación causal demostrada para otros efectos. PDF leído el 25-10-2026. https://www.aegastro.es/documents/pdf/REFLUJO-GASTROESOF%C3%81GICO-1.pdf
  9. Boletín INFAC del Departamento de Salud del Gobierno Vasco, «Inhibidores de la bomba de protones: recomendaciones de uso» (mayo de 2016): riesgos del tratamiento prolongado, entre ellos infecciones entéricas. PDF leído el 25-10-2026. https://www.osakidetza.euskadi.eus/contenidos/informacion/cevime_infac_2016/es_def/adjuntos/INFAC_24_n_8_%20IBP%20recomendaciones.pdf
  10. V Conferencia Española de Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori (Gisbert JP et al., Rev Esp Enferm Dig 2021;113(10):740-764, DOI 10.17235/reed.2021.8358/2021): recomendación 6, no se recomienda asociar probióticos al tratamiento erradicador. PDF leído el 25-10-2026. https://idus.us.es/bitstreams/94de1d76-4f53-4c85-8a5a-3d7f968a363a/download
  11. SEMERGEN, documento de consulta rápida «Manejo de Helicobacter pylori», 2024: prevalencia en torno al 50 % en España; tratar a todos los diagnosticados; «test and treat» en menores de 55 años sin signos de alarma; ciertos probióticos reducen los efectos secundarios del tratamiento según Maastricht VI y la WGO 2023. https://semergen.es/files/docs/biblioteca/docConsultaRapida/2024/manejoHelicobactyerPiory.pdf
  12. Manual MSD, versión para el público general (edición en español), «Úlcera gastroduodenal», revisión de enero de 2025, consultado el 25-10-2026: la hemorragia como complicación más frecuente, con vómito de sangre roja o como posos de café y heces negras alquitranosas o con sangre; perforación con dolor repentino, intenso y constante que se extiende a todo el abdomen, urgencia que requiere cirugía inmediata. https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-gastrointestinales/gastritis-y-%C3%BAlcera-gastroduodenal/%C3%BAlcera-gastroduodenal
  13. EFSA, «Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to non characterised microorganisms pursuant to Article 13(1) of Regulation (EC) No 1924/2006», EFSA Journal 2009;7(10):1247, DOI 10.2903/j.efsa.2009.1247 (en inglés): dictamen sobre declaraciones de microorganismos sin caracterizar. https://doi.org/10.2903/j.efsa.2009.1247
  14. Reglamento (UE) 2015/2314 de la Comisión, de 7 de diciembre de 2015, DOUE L 328 de 12-12-2015, versión española en el BOE: añade al Reglamento 432/2012 la declaración de la inulina de achicoria nativa (tránsito intestinal normal al aumentar la frecuencia de las deposiciones, con 12 g al día). PDF leído el 25-10-2026. https://www.boe.es/doue/2015/328/L00046-00049.pdf

Preguntas frecuentes

  1. ¿Qué es la disbiosis intestinal?

    Es un desequilibrio de la microbiota del intestino, con cambios en la cantidad, el tipo y las funciones de sus microorganismos, según la revisión publicada en la revista de la Asociación Española de Gastroenterología. Esa revisión la asocia con atopias, síndrome metabólico, enfermedades inflamatorias, cáncer y algunos trastornos de la conducta, pero no le pone criterios de diagnóstico ni un tratamiento, y avisa de lo difícil que es saber qué sería una microbiota «normal». En la práctica, en lugar de «tratar la disbiosis», se nombra la molestia concreta, se busca Helicobacter pylori cuando procede, se revisa si sigue haciendo falta el inhibidor de la bomba de protones y se descartan señales de alarma.

  2. ¿Sirve de algo un test de microbiota intestinal?

    Sirve para conocer la composición de una muestra. Lo que hoy no forma parte de la práctica clínica habitual es pasar de esa composición a una recomendación concreta para una persona. Antes de pagarlo, conviene preguntar qué decisión va a cambiar con el resultado y quién la va a tomar.

  3. ¿Qué diferencia hay entre un prebiótico y un probiótico?

    El probiótico lleva microorganismos vivos; el prebiótico es un sustrato que los microorganismos del intestino usan de forma selectiva y que aporta un beneficio, según la definición de la ISAPP de 2017. Cumplen los criterios algunos hidratos de carbono concretos (GOS, lactulosa, inulina y FOS), presentes en leche, hortalizas, frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos. En lo legal la diferencia es grande: para bacterias vivas solo está aprobada la frase de los cultivos del yogur sobre la lactosa, con un mínimo de 10⁸ unidades formadoras de colonias por gramo.

  4. ¿Se recupera la flora intestinal después de un antibiótico?

    El estudio sueco publicado en Nature Medicine en 2026, con 14.979 adultos, encontró que tratamientos de hace cuatro a ocho años seguían asociados a la microbiota actual, con más fuerza en la clindamicina, las fluoroquinolonas y la flucloxacilina. Eso describe una huella medible de media, no un daño individual sin vuelta atrás, y no dice qué hacer después; para eso está la página sobre probióticos tras los antibióticos.

  5. ¿Hay alimentos prohibidos si tengo disbiosis?

    No conocemos ninguna fuente que sostenga una lista así. En el reflujo, que es el terreno más estudiado, una revisión de 16 ensayos aleatorizados solo encontró beneficio objetivo en perder peso y elevar el cabecero de la cama, y la guía de la AEG critica que se entreguen listas genéricas de alimentos en lugar de consejos ajustados a cada persona.

  6. ¿Para qué sirve el Lactobacillus rhamnosus?

    La guía de 2023 de la Organización Mundial de Gastroenterología incluye Lactobacillus rhamnosus GG entre las cepas con datos en adultos para prevenir la diarrea por antibióticos. Es lo que recoge una guía, no una promesa de resultado: ningún producto con esa bacteria puede anunciar un efecto de salud en la Unión Europea, porque no hay declaración autorizada.